|
DE COMO UN NIÑO QUISO SER FOTÓGRAFO.
Hijo de un delineante profesional y de una enamorada
del arte, he vivido siempre rodeado de arte y de líneas.
Mi padre tenía una mesa de trabajo en mi cuarto,
y recuerdo despertarme muchas mañanas rodeado
de planos de papel vegetal. Me gustaba sentarme cerca
de él, verle trabajar y quedarme embobado con
su perfección en los dibujos. Y, sobre todo,
me apasionaba verle disfrutar con lo que hacía.
Yo también quería una profesión
así.
Mi madre estudiaba historia del arte por las noches,
cuando no podía dormir... o cuando era el único
momento del día en que podía... Cuando
me levantaba para ir al colegio, el salón estaba
repleto de libros abiertos llenos de arte ( pinturas,
esculturas...). No era raro que me parara a ojearlos
y consultarlos. Gótico, Renacimiento, Barroco,
Impresionismo, Abstracción... y a las cuatro
de la madrugada. ¡Qué fuerza la de mi
madre! ¡¡¡Qué PASIÓN
!!!. Yo también quería sentir algo así.
Paradojas. Vivía rodeado de arte, y sin embargo
no era capaz de hacer ni la "o" con un canuto.
Me habría gustado ser pintor o dibujante, escultor
o arquitecto, pero al coger el lápiz, se veía
que no era lo mío. De pequeño intentaba
dibujar como hacían los demás niños
del colegio, pero no tenía ingenio.
| Pintar, dibujar... no es
lo mío. |
 |
Un día, realizando talleres en una granja-escuela,
un monitor me metió en una habitación
oscura. Encendió una luz roja tenue y metió
un papel completamente blanco (lo juro, era totalmente
blanco) en un líquido maloliente. Y... ¡¡MAGÍA!!...
en pocos segundos aparecieron unas líneas en
el papel, cada vez más definidas. De pronto
asomó una imagen nítida y clara. ¡¡Era
yo!! Aquello me dejó sin palabras... Poco después,
entendí para qué servía aquella
caja de "Fontaneda" que me habían
hecho cerrar con cinta negra y a la que había
hecho un pequeñísimo agujero, en uno
de los lados.
¿Y con una caja de galletas se hacían
las imágenes que yo veía atontado en
los libros de mi madre?. Aquella aparición
no era ni un dios, ni un espíritu ni un sueño,
era una realidad. Era la FOTOGRAFÍA, y de esta
manera entró en mi vida.
Con 17 años, la cámara de mi padre
en la mano y muchos deseos, entre en la Universidad
con la intención de convertirme en un creador
de imágenes. Y pronto empecé a trabajar...
y me compré mi primera cámara.
La fotografía me ha enseñado no sólo
su esencia misma (espacio y tiempo), sino muchas otras
cosas. Me ha mostrado su capacidad para provocar sensaciones,
sugerir ideas, generar mundos, conocer gente y gentes...pero,
sobre todo, me ha demostrado que sí soy capaz
de dibujar. No con un lápiz, sino con los elementos
que veo en la realidad. Sonará raro, pero mis
ojos se han convertido en un pincel que sí
soy capaz de dominar.
Siempre he pensado que cada uno tenemos una forma
diferente de ver el mundo, y claro está, yo
no soy una excepción. Por eso titulé
mi primera exposición de fotografía
en los Cines Renoir así: "Reflejos; una
realidad deformada". Una serie de imágenes
(mucha de ellas se pueden ver en esta presentación)
que representan muy bien mi visión de lo que
me rodea. El título de mi segunda exposición
también está relacionado con esa idea:
"Cine, visiones de una espera", donde muestro
mi peculiar concepción de la aburrida espera
en la cola de un cine.
Y si me preguntan por las influencias, no me queda
más remedio que remontarme al pasado, situarme
junto a las líneas de mi padre o los libros
de mi madre. Mis imágenes están llenas
de líneas, de formas geometrías, de
arquitectura (cómo le gusta decir a mi amigo
Dani)... que generan en algunos casos caos visual
(abstracción y surrealismo), pero en otros
una serenidad clásica, basada en el arte más
antiguo. Con esto no quiero decir que a la hora de
hacer fotos, tome referencias de un cuadro determinado,
sino que esas líneas y esos estilos se encuentran
en mi imaginario personal.
Pero la fotografía no es sólo un reflejo
de la realidad, de un espacio y un tiempo, también
es un juego, un mundo en el que todo parece real pero
nada lo es.
Me gusta jugar y ver cosas
que nadie más ve. Mostrarlo en mis imágenes
y que sólo mediante la observación,
el análisis y, por supuesto, el interés
de los demás sean capaces de apreciar (o encontrar)
lo que yo busqué. La ironía, los contrastes,
las coincidencias se mezclan con imágenes que
engañan a la vista y que reinterpretan la realidad.
En realidad generan nuevas realidades, nuevas formas.
Víctor Hernández
Sevillano.
|